12 mayo 2015

Colaboración Levante-EMV 5/5/2015 "El mundo es de los valientes"

      "El mundo es de lo valientes"

Iban a viajar, en avión y a un país extranjero. Esos saltos a ciudades europeas, en vuelo directo, por obra y gracia de las compañías de bajo coste,  les forzaban a seguir asombrándose con el entorno y con ellos mismos. Hacer las maletas en las estrictas condiciones que imponían las compañías era un complicado ejercicio de renuncias pero si iban con niños los patinetes eran imprescindibles. Como el mundo es de los valientes, les enseñó, sobre un mapa, todos los puntos que pensaba visitar. Sabía que lo conseguirían.

En esta ciudad de batallas, de síes y noes, de Montescos y Capuletos, cualquier propuesta encuentra vigorosos detractores. Da igual  que sea el agua, una bandera, o la peatonalización de una calle que siempre habrá un buen número de críticos para una idea defendida con ímpetu. Hace muchos años, en el mismo paquete peatonalizador incluyeron varias calles; Roteros, Moratín o Músico Peydró, pero la que les quitaba el sueño a los gobernantes de la época era Don Juan de Austria. Con la virulencia de la época los comerciantes plantearon una gran batalla contra su peatonalización. Afortunadamente ese gobierno municipal resistió el envite y hoy nadie recuerda que no siempre fue peatonal.

El principal ideólogo europeo de las peatonalizaciones, Rolf Monheim, decía que “una ciudad sin áreas peatonales representativas parece ahora desesperadamente anticuada” . Algo de eso nos está empezando a pasar. El parón peatonalizador es fruto de la cobardía de los actuales dirigentes municipales, cómodos con el escepticismo de comerciantes y habitantes, renunciando a la osadía y valentía necesarias para actualizar nuestra manera de vivir.


Sin los redaños necesarios nunca hubiera habido una calle Buchanan en Glasgow, que hoy es la calle favorita de los escoceses, o una calle Stroget en Copenhague que es su arteria principal y, tal vez, la calle peatonal más larga de Europa.

Peatonalizar es mejorar nuestra calidad de vida. Con aceras más anchas hay menos contaminación acústica y atmosférica. Se elimina la tensión de pensar por dónde hay que cruzar, y se generan espacios que invitan a instalar  bancos para sentarse, a decorar con arreglos florales y a pavimentar con criterios estéticos pero favorecedores del paseo.

El gran espacio que hay entre las Torres de Serrano y las Torres de Quart será algún día peatonal. Residentes, comerciantes y visitantes convivirán armónicamente aumentando sus contactos. Serán habitantes que saldrán más a la calle.

Podemos conformarnos en ordenar espacios para turistas, espacios de ciudad museo; para compradores, espacios de ciudad tienda; para las instituciones, espacios de ciudad política o para la diversión, en espacios de ciudad bar, pero el reto es ordenar la ciudad para vivir, y vivir de la mejor de las maneras posibles. No hay barrio en Valencia que no sea susceptible de ser más peatonalizado y alguno lo va consiguiendo como Benimaclet.


Sabían que era fiesta porque no iban a los sitios, pasaban por ellos. Hablaban y hablaban, se fijaban en detalles de edificios o tiendas, en los que no habían reparado antes. Si se cansaban se sentaban en cualquier sitio. Si no había mucha gente alrededor a ella le gustaba alejarse unos metros, ir corriendo hacia él y saltarle encima para que la recogiese a horcajadas. Pasear, que se asocia a la vejez, es siempre volver a la infancia.

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