13 enero 2015

Colaboración Levante-EMV 6/1/2015

"Fidedigno, el espía real"

Cuando se acercaba la noche de Reyes su padre les hablaba de Fidedigno. Era una suerte de paje real, más bien un inspector, que se desplazaba, de incógnito, vigilando niños. Era el encargado de supervisar comportamientos, analizar pensamientos, descubrir quiénes eran merecedores de regalo y quiénes de carbón. Llevaba una gabardina larga que le llegaba hasta los tobillos. Los más avezados podían descubrirlo porque usaba unas peculiares calzas plateadas que brillaban con el sol. Quienes veían a Fidedigno trataban de guardar la compostura, estiraban el cuello y disimulaban nerviosos. Buscando a Fidedigno y portándose bien, pasaban las fiestas.

Navidad, Año Nuevo, Reyes… Todo demasiado seguido, demasiado junto. Son un “pack” que deja poco espacio al matiz. Son balance y son propósito. Tirar lo viejo, saludar lo nuevo. Contaba Indro Montanelli que los italianos buscando lo nuevo, fuera lo que fuera eso, se encontraron con Berlusconi; madre mía... Se hacen infinidad de listas, de los que se han ido, de los libros que deberíamos haber leído, de los inventos que llegarán, de las profecías económicas que no se cumplirán, de lo que pasará en las elecciones que se acercarán inexorables.

Del 2.014 tengo “personaje del año”. Para mí fue Juan Fernando Pastor Fernández, técnico de diagnóstico, que viene denunciando con perseverancia, ataviado con un chaleco reflectante, que hay   irregularidades en el Plan de Prevención y Diagnóstico Precoz del Cáncer de Mama. Tengámoslo presente para que no sea el personaje del que viene.

Parece que todos anhelan, para el año que entra, el regalo del “cambio”. Paradójicamente todos los cambios son diferentes, cada uno sueña el suyo; igual que con el sentido común, cada uno tenemos el nuestro. Los cambios suelen ser para bien, dicen.

¿Y del futuro, qué? El color del año 2015 será el Pantone 18-1438, el color “marsala”. Así lo ha dictaminado el Pantone Colour Institute, que de eso sabe un rato. Tiene el tono terroso del vino siciliano, es un marrón rojizo, robusto, cálido. Los modistos lo introducirán en sus creaciones y estará presente en maquillajes, sombras de ojos o lacas de uñas. Estará en todos lados. Dicen que rebosa confianza y estabilidad. Si se presta atención es la suma de los rojos de siempre, matizados con el morado y magenta de los emergentes; guiño a nuestro panorama político. Un mezcladillo que a saber dónde nos lleva, y en qué orden, en esta ciudad de los regalos.

2015  es el año del centenario de la fundación de la “Banda El Empastre”. No puede pasar desaparcibida la efeméride. Su música,  bromas y cómicos acompañantes, arrancaron sonrisas a generaciones de españoles. Nacieron en Catarroja hace cien años y algunos recordamos, desternillarnos, un anochecer con ellos en la plaza de toros de la calle Játiva. Felicidades, ya tenemos un motivo para sonreír.


La emoción por abrir los paquetes, por adivinar su contenido, por desvelar los aciertos y errores, se solapaba con la intriga de la carta. Siempre había carta cerca de los regalos. Narraba situaciones que no conocía nadie más que ellos; trastadas que habían pasado desapercibidas, para todos, menos para los Reyes. Lo sabían todo. Eran tan indulgentes  en el perdón, como implacables en la descripción y en la regañina. El recuerdo de los regalos se borraba, no el de la carta, que era el regalo. Buen espía Fidedigno.

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