18 noviembre 2014

Colaboración Levante-EMV 11/11/2014 "Identidad sin señas"

"Identidad sin señas"

Era festivo pero ellos no lo sabían. Las calles estaban desiertas. Unas pocas personas aprovechaban la sombra de la parada del autobús cercana al hotel, huían del sol. Un señor bigotudo les saludó con una inclinación de cabeza, su mujer también. Estimulados por el gentil gesto iniciaron una conversación en “portuñol” y a él le dio la sensación de que flotaban en “la balsa de piedra”. Les convenció de que fueran a las playas de Lavadero y que almorzaran en Casa Branca. Les dijo que era “tripeiro”. Él, petulante con los idiomas, lo tradujo  diciéndole que era un carnicero jubilado, más bien de casquería. Cuando al día siguiente, en el bus turístic, oyeron que a los originarios de Oporto se les llama “tripeiros”, en recuerdo de algo que pasó en el siglo quince, él enrojeció de vergüenza y ella estalló en una risotada contagiosa que sorprendió a los vecinos franceses.

Cuando oyes a un madrileño alardear de “gato”, te preguntas tú que eres. Todos somos algo, pero la mayoría lo  somos por exclusión, por lo que no somos. Eres payo por no ser gitano, o gentil por no ser judío. Ser sólo por negación es lo más parecido a no ser nada. Las ciudades también quieren ser y muchas exploran y explotan su identidad. En la nuestra, parece que la identidad es sólo la de sus barrios. Los oriundos de Russafa, el Cabanyal, Monteolivet, Benimaclet, y muchas de las pedanías, reivindican con orgullo su origen. Sin embargo, y sin saber muy bien por qué, en muchas otras zonas esa  identidad se diluye, desaparece. No existe orgullo de “cap i casal”.  Se perdió la capacidad de ejercer la capitalidad de L´Horta y el liderazgo metropolitano. Se aniquiló la apuesta por la  centralidad mediterránea.

En octubre de 1991, a los pocos meses de que la derecha  empezara a gobernar en el ayuntamiento, se inauguró la Mostra del Cinema del Mediterrani con una película de Isabel Pantoja. Oírla agradecer a la señá Rita y al señó Bautista, que eligieran “Yo soy esa” para esa andadura, ya daba pautas de lo que podría llegar a ser esto. Se perdió una oportunidad de reflexionar sobre nuestra identidad.  Hoy se intenta reconstruir la Mostra, desde una romántica sociedad civil que permanece activa, mientras que Valencia ha renunciado a reivindicar su mediterraneidad dejando pudrir el Cabanyal, buscando más una estética “Tomorroland”.

Identidad es lo que te lleva, a menudo, por inercias que labraron tus padres. Comprar campanitas de barro de l´Escuraeta, ir a la procesión del Corpus, añorar la golondrina que te dejaba en la Chitá,  llegar corriendo a las mascletaes de Obispo Amigó, conservar los cirios y medallas de los Niños de la calle San Vicente, pedir paella en La Clemencia,  tomar unos mejillones de la Pilareta, ser granota... Todo eso es identidad, sin ley y sin señas.


Estaban uno frente al otro, rodeados de periódicos en el mejor brunch de la ciudad, en la calle Pintor Salvador Abril. Él le mandó un whatsapp con el verso más popular de Getrude Stein ”rosa es una rosa es una rosa es una rosa”. Ella, al leerlo, sonrió y olvidó la riña reciente. Le contestó con  una estrofa de un fado absurdo de Amalia Rodrigues , “una casa portuguesa es con certeza una casa portuguesa”.

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