20 enero 2015

Colaboración Levante-EMV 13/1/2015 "El dinero chico"

"El dinero chico"

Él era Landerista, de Luis Landero, desde finales de los 80 y nunca ha dejado de serlo. No es solo que le gustara leerle, es que, absurdamente, llegaba a pensar que lo que leía ya lo había pensado él antes, y si no lo había pensado no tardaría en hacerlo. Podía probar y acreditar, por escrito, que él se desenamoró también y antes de una chica, por culpa de un  huevo duro, cuando lo convirtió en pasta en su boca. Revisando su Moleskine constató que, como Landero, tenía pasión por el “dinero chico”, por el precio de las cosas pequeñas, de las comidas, de los títulos de transporte, de las entradas de cine, de los calcetines, de las peluquerías, de las cervezas…

Los presupuestos parecen aburridos pero, en realidad, son muy entretenidos porque dibujan lo que será un año de actividad municipal. No así lo que se dice de ellos, que siempre es lo mismo. Los gobiernos dicen que son los más austeros, los más sociales y los más realistas de la historia; sus oposiciones, que son despilfarradores, antisociales y engañosos. Cuando esas oposiciones pasan a ser gobiernos, invierten las valoraciones y se vuelve a cerrar el círculo.

Mucho hablar de grandes proyectos, pero cuando se acerca el periodo electoral se recurre al dinero chico. No  se sabe muy bien qué van a hacer en la calle Félix Pizcueta pero ya está cortada, en Quatre Carreres van a terminar lo que el inacabado PAI dejó colgado, o sea, todo, alumbrado, jardines, saneamiento, señalización de viales... En Colón no tardará en deslumbrar el nuevo carril bici. Por fin llega la EMT a El Saler, pasando por el Palmar y el Perellonet. Todo para que parezca que algo pasa, que el ayuntamiento se mueve, que nuestros impuestos sirven para algo.

Obras todas de “dinero chico”, trescientos mil por aquí, medio millón por allí, cuatrocientos mil por el otro lado… Migajas. Da vértigo pensar que el presupuesto consolidado del ayuntamiento es de más de ochocientos millones de euros, con una deuda más o menos de ese nivel. Se ha relegado todo gran proyecto, lo que nos ponía en el mapa, lo que nos convertía en foco de atracción universal. Dinero chico que no llega para que las bibliotecas tengan libros de reciente publicación, para que en los barrios haya más instalaciones deportivas elementales, para que los jóvenes creadores y artistas tengan foros en los que expresarse.

Parece que no ha pasado lo mismo con los presupuestos del gobierno central. Allí todo es mucho más grande. Su dinero chico se va a ocho nuevas estaciones de AVE en poblaciones que no lo necesitan. Cuando dentro de unos años nos burlemos de esas estaciones vacías, como ahora hacemos con los aeropuertos, nadie se acordará de que otras veinte ciudades se quejaron por no tenerlas.


En la libreta de viajes de ella no había la más mínima mención al dinero. No solo es que le parecía de mal gusto hablar de dinero, es que cualquier dinero le era ajeno. Su libreta de viajes era un paseo por actitudes, de terceros o propias, gestos que les hicieron reir, colores de atardeceres o sabores de helado. Ni chico ni grande, solo el dinero suficiente para viajar algo y tomar un  vino. Alegría en el vivir.

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