Colaboración Levante-EMV 1/9/2015 "¿Seguirá Amparín?"
"¿Seguirá Amparín?"
Son primos y viven cerca. En cuanto vuelvan de las vacaciones
pasarán por la tienda de Amparín para ver si ha resistido y mantiene la frutería abierta. Sus horarios
son disparatados, las neveras se le paran y le estropean el género pero su
habla alegre les tiene cautivados. La intentan convencer de que no puede
regalar una berenjena a alguien que solo le ha comprado una berenjena. También, que conviene más exhibir las
piezas más sanas que las más estropeadas y que no hace falta darlo todo a probar. Les
anunció que en agosto seguiría abierta. Dudan que siga allí.
Valencia en agosto se toma vacaciones
de sí misma. Se enlentece, es como si se fuera preparando para tomar impulso.
Los cambios son tan sutiles que muchos pasan desapercibidos. En septiembre la
ciudad huele a pintura fresca, los escaparates parecen espejos y muchos se
esfuerzan en parecer otros.
Hay gente que solo se besa en
septiembre o en navidad. Los clientes habituales de quioscos, panaderías, bares
o supermercados son recibidos con alegría. A los dueños les reconforta saber
que no han sido infieles, que solo estaban de vacaciones o que no se han tomado
a mal que cerraran ellos por vacaciones. Las miradas son más escrutadoras, son
repasos en busca de las diferencias en la apariencia de los que despedimos hace
unos días y los que ahora recibimos.
La mala conciencia intenta ocultar
que son más los que se han tenido que quedar que los que se han ido. Hay
muescas en el revólver del mercado libre. Es tiempo de desapariciones discretas.
Desaparecen muchos negocios por jubilación o por quiebra. Aparecen otros con el
empuje y las ganas con los que aparecieron los que hoy ya han desaparecido.
Lo dijo un gurú de los que saben
mucho de muchas cosas: “hay que entenderlas para cambiarlas. Por ejemplo, en
las grandes ciudades hay más mascotas que niños”. Más que los datos sobre zonas
verdes, el número de viviendas vacías, las polémicas sobre la rotulación de las
calles, el número de aparcamientos o de carriles bici, esa simple afirmación
radiografía una época.
Hay gente que, al pasear, suma los
números de las matrículas de los coches reduciéndolos hasta llegar a un dígito;
cuenta las baldosas que va pisando o los pasos que caben entre farola y farola.
Será cuestión de contar niñas, niños y mascotas. Muchas de las mascotas nunca
salen a la calle; conejos, gatos, pájaros, peces…Debe ser verdad, hay más
mascotas que niños. Ese cambio es demasiado importante para no intentar
entenderlo.
Cuando regresen, intenten descubrir
qué es lo que ha cambiado. Analicen las causas de los cambios y cuando lleguen
a un callejón sin salida recuerden que la luna que veían antes sigue siendo la
misma que ahora.
Tiene
pensado pedir una cita con el alcalde al volver de vacaciones. Le quiere contar
la odisea que vive cada vez que quiere llevar el aceite doméstico usado a reciclar. Ni en el mercado
de Rojas Clemente, al que la remitían,
sabían nada; ni en el
club de jubilados en que lo almacenan daban fe de que se recogiera. Ella se
fija mucho y tiene muchas sugerencias para trasladarle. Si no la llaman le
mandará un mail. No le
parece nada bien que los perros puedan subir al autobús.
0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio