18 octubre 2016

Colaboración Levante-EMV 11/10/2016 "Por no ser otra cosa"

“Por no ser otra cosa"

Acaricia el lomo de “Diarios tempranos” (1950-1965) de José Donoso. Virtualmente. No lo encuentra en sus librerías de referencia. Le da miedo comprarlo aunque está seguro de que caerá tarde o temprano. Sucumbió, en su día, a los “Diarios de Emilio Renzi” de Piglia y a la “Vida lenta” de Plá. Últimamente lee obsesivamente notas dispersas sobre menús, resacas, miedos, amores, censuras, ardores, viajes. Le abduce la grafomanía. Mientras, centenares de personas chillan por las calles de dónde son y de dónde no quieren ser.  Recuerda las palabras de Cernuda, “español, por no ser otra cosa”.

Somos ciudad turística. Las ciudades tienen empeños, retos, desafíos y necesidades que nunca garantizan el éxito. Exploran, a través  de brokers de ideas, qué posibilidades les deja el mundo globalizado. La combinación de vuelos baratos, escalas de cruceros, clima, vida nocturna y precios asequibles lo han determinado; somos ciudad turísitica. No hace falta elaborar estudios. Hay más mimos que nunca,  pedigueños, terrazas en que cobran precios disparatados por un café, codazos para abrir nuevos locales de restauración. La invasión nocturna, diurna, a diario o en fines de semana, de turistas, parece imparable.

Aparecen nuevos nichos de negocio. Ahorradores que compran pisitos en los barrios más anhelados; les lavan la cara y confían en alquilarlos ocho o diez días al mes esperando fáciles réditos. Hay gestores de reservas de Airbnb, u otras empresas, que descargan a los propietarios de molestias. Personas que contestan correos en varios idiomas, que investigan a los potenciales inquilinos, que se desplazan a cualquier hora a recibir a los visitantes. Están 24 horas sobre 24 localizables para solventar cualquier contratiempo (wifi que no funciona, llaves que se pierden, aires acondicionados que se paran, grifos que gotean o sábanas manchadas). Despiden a los usuarios, inventarían los objetos y evalúan a los visitantes. Otras empresas se especializan en limpiar los apartamentos y dejarlos impolutos para los entrantes.

Como el ingenio es infinito hay quien decora pisos en venta para que sean más atractivos. Una cortina por aquí, una manita de pintura por allí, bombillas que funcionen, algún objeto decorativo, cuatro libros bien puestos.

A los hoteleros les invade la zozobra por su futuro. Con razón. Ya los hay que han orientado sus negocios como si de apartamentos de alquiler se tratara. De la turismofilia a la turismofobia hay pocos pasos. Esperemos que todo esto no nos sature.

Contaba un vecino de la calle Asturias que asistió a un baldeo en su calle con la misma sorpresa de quien descubre el mar. Los barrios de fuera del centro serán el refugio de los habitantes de la ciudad. Somos ciudad turística, por no ser otra cosa, y hace muy bien el ayuntamiento mimando a  todos los demás.


Eran tres. El más vehemente criticaba que los clubes de fútbol gastaran millonadas en centrales jóvenes. El más tranquilo lo achacaba al cambio de los tiempos. –El nuevo fútbol genera pasión por los centrales, a ser posible zurdos. Antes se hacían poco a poco, se ganaban los galones en la treintena-. Los otros asintieron. Frente a ellos pasaba una pareja joven con una niña pequeña. El padre arrastraba un triciclo. Los tres caminaban rápido y se increpaban a trompicones. –Cambian los tiempos y las personas; discutir, se discute igual- sentenció el más callado.

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