13 septiembre 2016

Colaboración Levante-EMV 6/9/2016 "Luz de septiembre"

                “Luz de septiembre"


El panel electrónico de la parada del autobús indicaba que el 1 tardaría 22 minutos. Se alegró tanto que decidió perder la mirada. Eran minutos regalados. Cuando perdía la mirada hacía listas de listas. Libros leidos y por leer, discos que comprar, cosas por hacer, ciudades que visitar, amigos a los que llamar. Llegarán más diarios de Piglia que sugerirán más listas. Se distrajo con el contorno de una nube. Perdió el autobús. Le había deslumbrado la luz de septiembre.

Nuestras vidas se reinician en septiembre, independientemente de lo que hayamos hecho en agosto, aunque no nos hayamos movido de casa. Hay un rescoldo de la infancia que nos arrastra para que cada septiembre intentemos entender lo que pasa a nuestro alrededor. En enero ya sabemos que no lo hemos conseguido. Antes del verano nos da igual no haberlo conseguido. En septiembre vuelta a empezar.

La luz de septiembre deslumbra pero sin llegar a cegar. Es buen momento para mirar con serenidad alrededor. El gran relojero de la ciudad, que no es otro que el ayuntamiento, introduce cambios sutiles en nuestra cotidianidad. Hay calles que cambian de sentido, donde antes se aparcaba en cordón ahora es en batería, un solar sucísimo está ahora limpio, muchos de los pasos de cebra están recién pintados. La ciudad se ha lavado la cara, se ha puesto guapa.

Hay que recorrer las calles conocidas de cabo a rabo, mirando a ambos lados. Fachadas de diferente color, negocios que creíamos sólidos han cambiado su nombre ofreciendo lo mismo, la camarera que estimábamos ha pasado a ser uno de los 236.687 trabajadores que dejaron de serlo el 31 de agosto. Hay negocios nuevos que huelen a recién pintado, menestrales que ultiman detalles de carpintería. En algunas plantas bajas nadie ha quitado el polvo acumulado en agosto, se amontonan las cartas por abrir, los vecinos no saben dar razón de los antiguos gestores. Cambian pocas cosas pero suficientes para intrigar.

Paseando tropiezas con un cartel. En el Teatro Talía anuncian para este mes “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Obra de teatro escrita y dirigida por Victor Sánchez, nuestro reconocido autor premiado con un Max. La compañía es Wichita Co. Es tremenda. ¿Habrá algún cambio respecto de la representación que hubo durante Russafa Escénica en el Sporting Club?

Hay un científico japonés que nos alerta  de la progresiva desaparición de las manchas solares. Eso pasó hace unos cuatrocientos años y entramos en una pequeña edad de hielo. En un inicio de septiembre como éste confiamos en que ese ilustre señor tenga razón. Hace un calor insoportable. Nos derrotan los cambios no controlados.


La pequeña empieza a volar. El maldito septiembre se la lleva a una universidad extranjera. Por enésima vez sus otros hijos le cantan eso de –qué va a ser de ti lejos de casa. Nena, que va a ser de ti- , y a ella, por enésima vez , le invade la congoja. Se acaban las tardes de charlas, bromas y discusiones, de acariciarle el pelo y mimarla. El culpable es septiembre, el que la aleja de sus hijos, uno tras otro. Ella, que no es llorona, que está orgullosa de su hija, que sabe que hace lo mejor, deja rodar una lágrima, sólo una.

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