15 noviembre 2016

Colaboración Levante-EMV 8/11/2016 "Bibliotecas humanas"

“Bibliotecas humanas"

El centro cultural de Alfama albergaba un festival de fados solidarios. Sonaban aplausos cuando se abrió la puerta y salió una joven muy guapa de aspecto saludable. Alguien le pidió que cantara un par de estrofas. De su garganta brotaban frases ininteligibles que sorprendentemente entendieron. Conmovidos, la vieron apretar los puños escondiendo unas largas uñas pintadas de azul. Cuando acabó, se recogió en su abrigo rosa. La siguieron con la mirada hasta que se perdió por una callejuela. Ella tragó saliva; él vió que tenía húmedos los ojos.

Hace una docena de años un británico de origen estadounidense, Chris Sandeman, puso en marcha un novedoso sistema para organizar recorridos turísticos. Está presente en dieciocho ciudades. Son gratuitos pero el negocio proporciona altos rendimientos. Los guías, normalmente jóvenes sobradamente preparados, seleccionados por Sandeman, pagan a la empresa por cada uno de los turistas que les llega a través de su web. Ellos cobran solo las propinas que les entregan los usuarios después de unas tres horas de reposado paseo urbano. El reto es espectacular. Deben fijar su atención para que nadie abandone el recorrido y que, al final, estén dispuestos a dar una propina, cuanto más generosa mejor.

En las ciudades en que el negocio se ha implantado ha habido serias resistencias por parte de los acreditados guías locales pero, como en tantas otras cosas, no se puede poner puertas al campo. La experiencia del turista es adictiva y se suele repetir. Son guías entretenidos, juguetones, cultos y divertidos. Una especie de bibliotecas humanas. Limitadas a esa ciudad concreta, eso sí, pero tiene mérito.


Lo de la Organización Biblioteca Humana, es otra cosa. Es un interesante proyecto que ya está presente en setenta paises. No prestan libros, prestan personas con historias interesantes que contar. Pretenden eliminar las barreras que separan a las personas y promover el diálogo y la comprensión. Se dispone de media hora para escuchar al libro viviente, preguntar y dialogar.

El catálogo relaciona personas con historias que merecen ser compartidas, normalmente víctimas de prejuicios, exclusión social, que han sido estigmatizados o simplemente desoidos.

En Valencia es fácil cruzarte con personas que merecen ser escuchadas. El Ayuntamiento de Valencia va a premiar estos días a nuestras “mejores personas mayores”. Valdría la pena escuchar la media hora de Julia Sevilla, una vida luchando por la igualdad; la de Eugenio Coronado, patriarca vecinal que ha contribuido a mejorar la vida de nuestra ciudad o la de Francisca Conesa, impulsora del conocimiento y el saber en las edades en que hay más pasado que futuro.

Llevamos reloj pero no tenemos tiempo para escuchar. Lo necesitamos tanto que no nos damos cuenta de su pérdida.


Habían salido de la librería Bertrand en la calle Garret del Chiado. Un poco más arriba estaba el café A Brasileira. Él acarició la estatua de Pessoa y le pidió a ella que le hiciera una foto a su lado. Las esculturas son para tocarlas, dijo él. Detrás esperaban varias personas su turno. Pensó en el pobre Pessoa. Tan discreto en vida, tan solitario, tan tímido. Le debía repatear ese obsceno desfile. Él pensó en una frase del “libro del desasosiego” que le iba que ni pintada, “todo en mí es esta tendencia a ser de inmediato otra cosa”. Cogió el móvil y borró la foto.

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