08 noviembre 2016

Colaboración Levante-EMV 1/11/2016 "Las cenizas se nos han ido de las manos"

“Las cenizas se nos han ido de las manos"

Tío y sobrino eran de edades parejas. Para el sobrino, el tío era como un hermano mayor que le deslumbraba. Compartían socarronería y un inagotable cariño. Vivían lejos pero hacían por verse al menos un par de veces al año. Un día, como haremos todos, el tío murió. Comprometió a la familia a esparcir sus cenizas por sus lugares favoritos. El vídeo del ventoso día, en la estación de ferrocarril, lo guarda una de sus nueras como un tesoro. Volaron las cenizas, la bolsa del Corte Inglés que las contenía, y la trascendencia del momento.

El prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, ha instado a los católicos a que no esparzan por la naturaleza las cenizas de sus familiares. Intelectuales católicos consideran la sugerencia muy trascendente; sus críticos acusan a la Iglesia de fomentar el negocio de los columbarios. Las cosas suelen ser más sencillas de lo que parecen y puede que al Papa Francisco el tema de andar esparciendo cenizas por ahí le parezca una cochinada. Francisco, como demostró en su encíclica Laudato sí -sobre el cuidado de la casa común-, aboga por “cultivar y custodiar con responsabilidad la creación, con especial atención a los más pobres, que son los que más sufren las consecuencias de los daños ambientales”. Muy ecologista todo.

La polémica por la dispersión de las cenizas no es nueva y ni siquiera es entre católicos y los demás. Aún vivía Franco cuando un decreto reguló esta cuestión. Después, la Ley General Sanitaria, impulsada por Ernest Lluch, cedió a las comunidades autónomas las competencias de “policía sanitaria mortuoria”. En Francia, Alemania o Austria, desde 2007, las familias no pueden disponer de las cenizas de sus difuntos para evitar que urnas y cenizas acaben en ríos o estanques. En Holanda o en Estados Unidos hay empresas especializadas que se encargan de retirar o reciclar esos restos. En 2014 una empresa catalana, Gala Azul, fue la primera autorizada por el Ministerio de Fomento para depositar de forma legal, respetuosa con el ecosistema marino, las cenizas de difuntos bajo las olas del Mediterráneo. Suministran urnas biodegradables y trasladan la ceremonia a tres millas de la costa. Por unos quinientos euros, más IVA, proporcionan una embarcación para siete personas. El servicio dura hora y media. La música, lectura de textos, arreglos florales y demás, se facturan aparte. Más sofisticada es la empresa canaria “La Travesía”. Ofrece el servicio desde el aire. La dispersión se hace sobrevolando parques naturales. Interpretan que esparcir desde el aire es legal.

En Valencia está todo por hacer. No hay un espacio en nuestros cementerios como el “Jardín de los Aromas” o “de las Cenizas” de Zaragoza. Ni siquiera el Levante UD o el Valencia CF ofrecen el servicio de columbario que  tienen Barcelona, Betis o At. de Madrid. Hay nicho, de mercado, claro.


A él le gusta comentar noticias del periódico y ella atiende con resignación. Le cuenta que el Metropolitan Opera de Nueva York canceló su función un sábado porque un individuo arrojó un polvo no identificado en el foso de la orquesta. Sospechan que podrían ser cenizas de un difunto. -Las cenizas de nos han ido de las manos- sentenció ella, deseosa de pasar a otro tema.

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