03 mayo 2016

Colaboración Levante-EMV 26/4/2016 "El suave desorden de la primavera"

"El suave desorden de la primavera"

Ella quiere ver desde la cama algunas rayitas de la persiana, él no. Él lee antes de dormir, ella se acuesta leida. Ella siempre tiene los pies fríos, él calientes. Él bebe antes de acostarse, ella necesita tener un vaso de agua en la mesilla. Ella duerme en el lado izquierdo, él en el lado derecho. Cuando llega la primavera ella le recomienda sacar un pie de la sábana, él no lo hace por miedo a constiparse. Él usa el móvil para despertarse, ella un altavoz con números digitales que ambientaría una discoteca. La pasada primavera llegaron al pacto del edredón de Ikea. El de símbolo rojo para el crudo invierno. El de símbolo azul para el otoño y la primavera temprana. Él ya tiene calor y le sobra el edredón, a ella aún no.

La primavera valenciana es desordenada; suave, pero desordenada. Hay días frescos, días húmedos y días calurosos. También hay días frescos pero solo en la sombra y días calurosos pero solo al sol . Hasta que no entramos en Viveros, recorremos las casetas, saludamos a amigos y asistimos a alguna presentación, no es primavera. Los libros pesan, sobretodo el de “Ciudad en llamas” de Hallberg. Este año no regalan muchos marca páginas pero compensa ver a esos gladiadores de la cultura batallar contra el gratis total y las imágenes invasivas de cualquier pantallita.

En el cauce del río, Asindown, Asprona, Avapace y Bona Gent montan su Fiesta de la Primavera. Karaokes, puestos de venta, restaurantes, actuaciones, tirolina, rocódromo atraen a quienes ya les conocen pero necesitan  continuar reconociendoles. Sus usuarios, sus socios, sus familias exhiben la visibilidad que ya se han ganado día a día.

No tardará en llegar la Primavera Educativa con sus 1.500 actividades, 200 carpas, 500 centros, 5 congresos. Un río de conocimiento, innovación y renovación pedagógica. Debería convertirse en un espacio idóneo para entenderse unos y otros, los que se sitúan como agredidos y los que nunca han matado una mosca. Si acudimos sin prejuicios entenderemos mejor a los otros y ellos a nosotros. Vale la pena intentarlo.

Al día siguiente de que salieran centenares de alcaldes del Palau de la Generalitat, comprometiéndose a reivindicar una financiación más justa, en esa calle había una partida de pilota. En la plaza de la Virgen se veía crecer la Moixeranga de Algemesí, al rato había exhibición de ball dels bastonets. La capitalidad se ejerce más en primavera.

Primavera desordenada de un pueblo que empieza a despertar, que va olvidando batallas pasadas centrándose en las que importan. Todo huele diferente en estas primaveras de cambio climático que se confunden con veranos que se confunden con otoños, detrás de algo que no es invierno. 


A él le pasaba como al protagonista de “Un dinar, un día qualsevol” de Ferrán Torrent, que nunca recordaba cuál es el nombre oficial de la plaza, de Zaragoza o de la Reina. Uno de esos días de primavera encendida, para avanzar, tenía que sortear a personas de todas edades que portaban orgullosas, banderas parecidas pero no del todo iguales. Acalorados japoneses intentaban fotografiarlas todas. Volverían a casa sin leer los también acalorados artículos de prensa que opinaban de la trascendencia de una rayita o una estrellita, de más o de menos, en esas sentidas banderas.

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