15 marzo 2016

Colaboración Levante-EMV 8/3/2016 "A Bialetti no le han escrito"

"A Bialetti no le han escrito"

Llevaba leidas y recortadas siete necrológicas de Bialetti, el apóstol de la cafetera Moka. A lo largo de su vida había comprado varias; de una, tres, seis, nueve y doce tazas. Para él era un socorrido regalo. Inicialmente las tenía localizadas en Habitat y respiró cuando las vió en el Corte Inglés. Se preocupó cuando  pasaron a producirse en un país del este. Se emocionó al fotografiarla en el MOMA. Leía un libro de relatos y alucinó con una de sus frases, “En el último momento decidimos empacar también la cafetera Bialetti y una pequeña fotografía de Emiliano Zapata”. Bialetti le acompañaba después de muerto.

Los libros viejos huelen a libro viejo y los libros antiguos huelen a libros antiguos. Paseando por la feria anual que se instala en la Gran Vía Marqués del Turia es fácil evocar la paradoja de la satisfacción. Te cruzas con gente que, al conservar una memoria tan trágica del pasado, ahora todo les parece bien y buscan con deleite aquellos manuales, soflamas o análisis de la peor de sus épocas vividas. 

Con envidia hemos leido alguna vez a Cercas, a Trapinello o a Javier Marías relatar asombrosos descubrimientos en alguna librería de viejo. Almonedas que escondían tesoros literarios que a ellos no les pasaron desapercibidos. Libros cuya existencia se conocía pero que nunca fueron reeditados, joyas con brillantes anotaciones al margen. Cosas que pasan pero siempre a otros.

La paciencia de los libreros de viejo es para estudiar. Soportan estoicamente insólitas peticiones. Se les pide libros imposibles de épocas en que no existían, de temas no tratados, de autores ágrafos.


Conviven casetas que guardan un cierto orden con otras en que el caos y el desbarajuste se han adueñado del espacio. Naufragan los clientes entre libros valiosos que conviven con otros que penan por el estigma del reclamo de su ridículo precio.

Esa feria, a lo largo de los años, nos ha ido suministrando libros que siguen acompañándonos, que recomendamos y que releemos. “La Regenta”, “Drácula”, “Los pazos de Ulloa”, “El guardián entre el centeno”, “Cañas y barro”, “Fortunata y Jacinta”, “Los intereses creados”, “Historia de dos ciudades”, “El jugador”,… incluso “El libro del sentido común del cuidado de bebés y niños” del doctor Benjamin Spock.

Pasan los años y da la sensación de que la feria languidece, que se va consumiendo, que necesita un empujón para volver a situarse en primera línea. El año que viene celebraremos el 150 aniversario del nacimiento de Blasco Ibañez. Las instituciones impulsarán la celebración, como Blasco y los valencianos merecemos. Un objetivo debe ser revitalizar esta querida feria, madre de nuestra memoria.


Recorrió todas las casetas de la Feria del Libro Antiguo buscando una imprescindible biografía de Bialetti. Uno de los vendedores le dijo que a Bialetti no le han escrito. Tocó todo lo que estaba a la vista, haciendo caso a los carteles que invitaban a pasar a inspeccionar las columnas traseras. Preguntó por un libro sobre periódicos y periodistas en la edad de oro de Fleet Street, “La calle de la aventura”. Buscó “Lobos frente al mar”. Le pesaban las bolsas con libros de cocina, comics de los cuatro fantásticos y algún ensayo sobre la pobreza. Entró en París-Valencia y, satisfecho, se compró la última novela de Vargas Llosa.

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