02 diciembre 2015

Colaboración Levante-EMV 24/11/2015 "A inventar toca"

"A inventar toca"

Se tumbaron en el césped de la zona central la Plaza de los Vosgos. Estuvieron un buen rato mirando a un solitario señor sentado en un banco. Llevaba gabardina y custodiaba una bolsa grande. No miraba al frente sino al cielo, murmuraba constantemente. Sacó de la bolsa lo que parecía un plato grueso. Lo anduvo manipulando, sacó una galleta grande, la mordisqueó con deleite, se sacudió las manos y se levantó. Él se empeñó en volver a la rue Sainte Croix de la Bretonnerie y entrar en Fleux. Estaba obsesionado con comprar uno de esos inventos  aparentemente imprescindibles, extrañado de que no se le hubiera ocurrido antes a él; unas bonitas gafas para la presbicia graduadas de Letmesee. Ni él ni ella las necesitaban pero ya encontrarían a quien regalárselas.

Alguien, cuyo nombre desconocemos, se preocupó por la excesiva velocidad de los vehículos que circulan por la Ronda Norte. El periódico no da muchos detalles pero parece que contactó con el ayuntamiento. Alguien le hizo caso y
han eliminado la fase ámbar intermitente y pasa directamente al rojo. La intrahistoria de esas pequeñas revoluciones siempre queda pendiente. ¿Mandó un mail?, ¿llamó por teléfono?, ¿lo comentó a alguna autoridad municipal?. Menos mal que no nos lo cuentan todo. Así podemos especular, imaginar qué pasó para que a alguien le hagan caso. Nos fijaremos en los semáforos cercanos al Ciutat de València para verificarlo.

Guillermo Fesser, la mitad de Gomaespuma, se ha instalado en Estados Unidos, en el pueblo de su mujer, Rinhebeck. Lo que parecía temporal se ha convertido en definitivo. Allí escribió un libro que tituló “A cien millas de Manhattan”. Es un meticuloso relato de la intrahistoria de sus viviencias en esas tierras. Cuenta que el tercer miércoles de mes les recogen el cartón. Allí, en Rinhebeck pagan más los que menos reciclan. Solo los martes recogen la basura orgánica y sólo se lleva las bolsas azules con distintivo del ayuntamiento. Las venden en la propia casa consistorial, a seis dólares las grandes y la mitad las pequeñas. También venden unos cubos azules para la recogida semanal de botellas, tarros, bombillas, recipientes de plástico y latas. Un día al mes pasan a recoger periódicos y papeles. Parece muy lioso y visto desde aquí nos parece impracticable. A alguien se le ocurrió ese sistema y ya nadie lo cuestiona. Seguro que es más barato que otras fórmulas, más eficiente y garantista para el medio ambiente.

Hay gente que no para de pensar y de ahí ha surgido un “proyecto para reducir el atropello de animales en la CV-500”. Es la zona del parque de la Albufera. El proyecto es ambicioso porque está valorado en 2´4 millones de euros. Cierras los ojos e intentas pensar pero no se te ocurren ideas tan caras.


Veía como sus amigos trajinaban con la mudanza. Habían conseguido instalarse en Valencia. Les costaba dar un  toque cálido a la caterva de muebles que familiares y conocidos les habían ido regalando pero lo conseguirían. Torpe como era no se atrevía a colaborar. Estaba deseando que llegara la hora de colgar cuadros. Sugeriría que debajo de la Black Decker, mientras agujereaban la pared, sujetaran un cartón. El polvo no llegaría al suelo. La primera vez que lo vió pensó que hay gente muy ingeniosa.

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