04 noviembre 2015

Colaboración Levante-EMV 27/10/2015 "El señor de negro"

"El señor de negro"

No recuerda la primera vez que lo vió ni cuando dejó de verlo. Tiene grabados sus rasgos, su bigote, su ajado traje, su paraguas, los gastados zapatos y el abrigo que le cubría; hiciera el tiempo que hiciera. Su padre le contó que era originario de Carcaixent, que había tenido un buen empleo y que había perdido la razón por algún drama familiar. No faltaba a un entierro. Esa presencia era trabajo. Asistir a los oficios, despedir al difunto, dar el pésame a la familia, a veces, como único asistente.

La muerte es omipresente pero la escondemos. Va decayendo el ritual anual de acudir a los cementerios el día de difuntos, por contra se incrementa la participación de los jóvenes en esa fiesta importada que es Halloween. Los entierros se simplifican pero se pone en valor los cementerios con iniciativas como la del Museo del Silencio y sus visitas guiadas los sábados en Valencia.

Tenemos una maravilla de cementerio, es un jardín tranquilo, entretenido de pasear. Blasco Ibañez, el pintor Salvador Abril, Joaquin Sorolla, Nino Bravo, El Titi, Granero, Amparo Meliá, compañera de Pablo Iglesias, Félix Pizcueta, Ángel Cristo, Rodrigo Botet y muchos otros personajes que han tenido que ver con nuestra ciudad yacen en paz en ese enclave del antiguo Camino Viejo de Picassent. Sorprende la existencia de una sección civil o  islámica, aunque la primera es irrelevante en la actualidad ya que a los difuntos se les entierra en nichos por orden de llegada con independencia de sus creencias religiosas.

Ilustra mucho sobre una época  leer con detenimiento algunas inscripciones de lápidas, panteones o tumbas. Fotografías, frases lapidarias, símbolos religiosos o cívicos, pueblan el recinto. Hay ángeles, estrellas de David, símbolos masónicos.  Atraen las que hacen un guiño humorístico a la propia muerte, definen a quienes allí reposan.

Supongo que se mantendrá la tradición municipal de efectuar una visita institucional el día de difuntos. Tal vez los nuevos tiempos les lleven a visitar tumbas olvidadas  durante las últimas décadas por lo que representaban o por las actitudes personales de sus moradores. Tal vez el cambio también llega a esas honras.

Ya no se recuerda las movilizaciones de vecinos y asociaciones contra la instalación del crematorio. Se alertaba de todo tipo de males vinculados a la contaminación que iba a generar la instalación. Hoy la mayoría opta por la cremación.

Ya no hay entierros multitudinarios. Dicen las crónicas que el de Blasco Ibañez fue impresionante. Parece que algún cronista madrileño escribió una emotiva reseña en la que se recordaba que una señera envolvía el féretro. No debió de parecerle muy inteligible al corrector del periódico y tuvo a bien convertir nuestra bandera en una "señora" y así andará escrito por algún sitio. Nada pareció objetar a que el pueblo valenciano despidiera un insigne féretro con una señora encima.


Cuando repasaban las fotos de los viajes siempre le llamaban la atención las de los cementerios. Solían estar sonrientes. Al fin y al cabo estaban de viaje. La perspectiva de cruces o lápidas alineadas daban mucho juego a la hora de encuadrar. Entraban, daban un silencioso paseo y buscaba fotos, edades o símbolos sobre los que comentar. Los camposantos de cualquier pueblo de Sicilia impresionan. Demasiada gente joven  se les ha quedado por el camino.

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